HISTORIA Y TRADICIÓN

El origen de este calzado ligero, hecho de cuerda trenzada y lona, se encuentra  documentado en España desde el siglo XIII. Por aquel entonces,  la alpargata era el calzado habitual de los soldados del rey de Aragón.  
Sin embargo, según parece,  los antecedentes de la alpargata se remontan a tiempos mucho más lejanos ya que en el Museo Arqueológico de Granada se conserva una alpargata encontrada sobre restos humanos en la Cueva de los Murciélagos y se piensa que esta alpargata pudo ser utilizada hace unos 4.000 años. 
Por supuesto, se trata de una forma muy primitiva de la que actualmente conocemos. Aunque también es cierto que su diseño no difiere tanto de algunos modelos que podrían considerarse de “rabiosa actualidad”.

                                Museo Arqueológico

                                                                                                                                                        GRANADA

Lo cierto es que no existe unanimidad en cuanto a los antecedentes de la alpargata. Hay quienes  sitúan su origen directamente en España, y más concretamente en  los territorios de la antigua Corona de Aragón (Aragón, Cataluña, Valencia e Islas Baleares). También hay quien piensa que procede de  África y los países árabes. Pero lo cierto es que sus raíces parecen  ser todavía más profundas. Ya que habría que buscarlas en las sandalias egipcias a las que más tarde, los romanos cubrirían con una lona para proteger al pie de las inclemencias del tiempo.
El  hecho  es que el desarrollo de su producción, tal y como hoy la conocemos, tuvo lugar en España; ya a partir del siglo XVIII las alpargatas eran utilizadas como calzado para los militares. Y, poco después, se convirtieron en el calzado habitual de los mineros, campesinos,  artesanos e incluso de los miembros del clero. Tanto el bajo coste de su elaboración, como su comodidad y eficacia fueron los factores que, sin duda, influyeron en su asentamiento como “calzado popular”
En el siglo XIX las alpargatas viajan hasta el Rio de la Plata de la mano de los inmigrantes españoles. Y allí, también fue muy bien aceptado por los trabajadores rurales en sustitución de la bota de potro. 
Hacia 1950, la evolución de la moda llevó a los fabricantes de alpargatas a darle un nuevo giro, con un diseño más actual y, sobre todo,  más colorido. Hasta entonces el color habitual era el negro par los días de semana y el crudo para los domingos. Y en el 1960, el diseñador Yves Saint Laurent, uno de los modistas más celebres de la época presentó un modelo muy particular en París, creo un modelo con tacón, y situó  a la alpargata en el centro de la moda.
Desde aquellos años hasta ahora, la alpargata se ha convertido en un calzado casi imprescindible en la temporada estival. Y no solo como un elemento funcional -nada más parecido a caminar descalzo que hacerlo en alpargatas- sino también como un calzado que descubre la belleza en la sencillez.
Ya sea en su versión más básica o en cualquier otra versión, la alpargata sigue cumpliendo a la perfección con los objetivos que la han permitido mantenerse como un calzado de referencia durante cientos de años: simplicidad, economía y eficacia.

                     

Pero es que además , en los últimos años, hemos descubierto que estas ventajas, no eran las únicas que cabría destacar en la elaboración y utilización de las alpargatas, sino que había uno más en el que hasta ahora no habíamos reparado: el carácter profundamente  ecológico de este calzado.
.- La alpargata se fabrica empleando lona de algodón y cuerda de yute o cáñamo. Todos ellos materiales naturales y biodegradables  (*)
.- La elaboración,  totalmente artesanal de la alpargata elimina la posibilidad de introducir la obsolescencia programada (*)
.- Su elaboración está en manos de artesanos locales, expertos conocedores de un proceso ancestral,  por costumbre y tradición, lo que hace imposible la deslocalización de la producción (*)
(*) siempre que se trate de auténticas alpargatas artesanales